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Politica

Fuerte derrota y dudas sobre el futuro gobierno de Alberto Fernández

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El gobierno nacional aceptó que las elecciones legislativas de este año serían un plebiscito sobre su gestión. La respuesta popular fue contundente. En 18 de las 24 provincias fue derrotado, en la mayoría de manera categórica. A excepción de Catamarca, Formosa, La Rioja, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán, el mapa se pintó de amarillo.

No fue una sorpresa la derrota electoral. A la mayoría de los gobiernos que debieron afrontar la pandemia les ocurrió lo mismo. Emmanuel Macron, Angela Merkel, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera y muchos otros podrían dar cuenta de esta cruda realidad. Pero la diferencia en el caso argentino es el clima de fin de ciclo que se respiraba en el búnker del Frente de Todos.

La incapacidad conmovedora de Alberto Fernández para ejercer la presidencia no es una novedad para nadie. A los condicionamientos sufridos por las condiciones económicas y sociales en que asumió deben sumarse el drama de la pandemia, la falta de un programa de gobierno compartido dentro de la coalición Frente de Todos, la poderosa figura de Cristina que siempre le hizo de contrapeso y, sobre todo, sus propias limitaciones. Esa capacidad excepcional de ser incapaz de explotar los modestos logros y de dispararse reiteradamente en los pies por sus acciones y discursos injustificables.

Apenas un año de gobierno bastó para comprobar sus limitaciones para ejercer una responsabilidad tan importante en un contexto tan adverso. Con sus dislates y contradicciones diluyó la autoridad presidencial, irritó a la sociedad, decepcionó a votantes y militantes, destruyó su relación con la mayoría de los gobernadores, confrontó con los sindicatos, chocó de frente con las organizaciones sociales y no fue capaz de dar un solo paso positivo frente a los grandes desafíos que se le imponían.

Los males heredados de la gestión de Mauricio Macri sólo se profundizaron. Desempleo, inflación, cierres de industrias y comercios, indicadores de pobreza e indigencia, concentración de la riqueza, exclusión social… No hubo variable que no lo condenara. ¿Cómo esperar otro resultado que la condena generalizada en las urnas?

Por cierto que no todo es su culpa. Cristina lo eligió y por eso, en gran medida, es la responsable de sus desaciertos. Ni uno sólo de los puntos programáticos que llevaron a la victoria al Frente de Todos se cumplió. La magia no existe en política. Como decía el general, “el órgano más sensible del ser humano es el bolsillo”. Nadie gana elecciones con la retórica del ayer. Mucho menos cuando los logros a los que se hace referencia son ajenos.

Pero si la imagen presidencial ya venía diluida, el gran temor de Cristina –perder el quórum propio en el Senado- se volvería realidad con sólo repetirse los resultados de este domingo. Sería la primera vez que esto sucediera desde 1983. Y a esto, además, debería sumarse una merma en la cantidad de diputados nacionales, que le harían resignar su condición de primera minoría.

Nadie esperaba esta paliza monumental. Ni los analistas, ni los encuestadores, ni los más optimistas simpatizantes de Juntos por el Cambio. De hecho, durante toda la jornada electoral los boca de urna anunciaban una victoria del Frente de Todos, incluso los realizados por la oposición. Una victoria que hubiera sido inexplicable desde la racionalidad, y que, a la postre, lejos estuvo de concretarse.

De repetirse estos resultados en la elección de noviembre, el Frente de Todos pasaría de un bloque de 120 diputados a uno de 116, mientras que Juntos por el Cambio, que hoy cuenta con 114 diputados alcanzaría el mismo número. Tal como puede apreciarse, las expectativas oficialistas de incrementar su bancada en 9 diputados para tener quórum propio remiten al ámbito de la ciencia ficción.

Sin despeinarse, Juntos por el Cambio mantuvo sus porcentajes de 2019 y hasta los aumentó en varias provincias, con victorias sorprendentes en la provincia de Buenos Aires, el Chaco, San Luis, Salta, Misiones, Santa Cruz, Chubut y La Pampa. Otras, como las de Córdoba, Santa Fe o Entre Ríos eran esperadas, así como las de las provincias que ya administra la coalición opositora.

Para Horacio Rodríguez Larreta la victoria de Diego Santilli fue un mojón impresionante para su proyecto presidencial, y hasta la de María Eugenia Vidal –no tan contundente como se esperaba en un principio- sumó a ese objetivo. Facundo Manes tuvo un excelente debut electoral, ya que buena parte de las razones de la victoria de Juntos en la provincia se deben a los votos que acercó. Y Mauricio Macri, como contrapartida, también agregó combustible a la candidatura presidencial del jefe de Gobierno porteño al ser derrotados sus candidatos en Córdoba –“la capital del Pro”- en la única elección en la que salió a apoyar abiertamente y en soledad a una boleta.

Pero la gran sorpresa de la jornada provino de otros lados. El 13 por ciento de sufragios que obtuvo Javier Milei encendió señales de alarma en el búnker de Juntos por el Cambio en la CABA. Con sólo mantener esos números podría aspirar a ingresar entre tres y cuatro diputados nacionales, mientras que los 400 mil votos de José Luis Espert también servirían de pasaporte para la cámara baja. La elección de Milei llama la atención por la velocidad de su instalación y por el hecho de haber capturado a una juventud que no se siente representada por ninguna de las coaliciones mayoritarias.

El otro logro fue el de la Izquierda, que silenciosamente se convirtió en tercera fuerza a nivel nacional, con picos excepcionales como el obtenido en la provincia de Jujuy. Sin estridencias.

En caso de repetirse en noviembre los resultados de las PASO, el oficialismo perdería en seis de las ocho provincias en donde se ponen en juego 24 cargos de Senador. En todas ellas fue derrotado por Juntos por el Cambio, por lo que el Senado quedaría compuesto por 35 senadores del Frente de Todos, 31 de Juntos por el Cambio y 6 independientes. Para tener quórum hace falta 37 legisladores.

La pesadilla de Cristina en la cámara alta está a la vuelta de la esquina. La de la Argentina, con Alberto Fernández como presidente, comienza este lunes.

Aunque eran esperadas las derrotas en Córdoba y en Mendoza, el Frente de Todos perdió en La Pampa, Chubut, Córdoba, Santa Fe y Corrientes y en todos los casos lo hizo en manos del Juntos por el Cambio.

Hubo un distrito en donde el resultado fue peor al esperado: Córdoba. En la provincia mediterránea el Frente de Todos pasó del segundo al tercer lugar, quedando detrás de Juntos por el Cambio y del partido del gobernador Juan Schiaretti. Las primarias en Córdoba mostraron que la performance del senador del Frente de Todos Carlos Caserio, que buscaba renovar, no fue suficiente y obtuvo menos del 11 por ciento de los votos lo que lo dejó en el tercer lugar.

Pero la sorpresa más fuerte en lo que se refiere a las elecciones fueron los resultados en La Pampa. La provincia en la que hace 38 años que el peronismo no perdía una elección lo hizo frente a la sumatoria de las cinco listas que presentó Juntos por el Cambio que en total se llevó casi uno de cada dos votos.

En Chubut la situación era similar. Con las tres bancas en juego el oficialismo apostaba a mantener dos de los tres. Sin embargo, Juntos por el Cambio participó en la provincia patagónica con tres candidatos y sumó en total el 40 por ciento de los votos. En segundo lugar quedó el Frente de Todos. 

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