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Qué resultado se estima para estas PASO

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Gustavo Córdoba analiza cómo incide el clima de apatía y desilusión en la carrera electoral. Ve una campaña basada en “negar al otro” más que en proponer

Gustavo Córdoba es un encuestador que, tras la elección de 2019, ganó mayor notoriedad en el ámbito político por haber sido uno de los que más se acercó al resultado, en un panorama donde la mayoría de los sondeos erraron groseramente.

Basado en la capital cordobesa, el encuestador prevé una victoria del oficialismo a nivel nacional por una leve ventaja, en torno de cinco puntos. Y, en charla con iProfesional, analiza cómo puede influir el fenómeno de la apatía y desilusión social respecto de la clase política.

-Se está hablando mucho sobre si la apatía y el desánimo de la población (unido al temor por el covid) puede llevar a una caída histórica en la afluencia de votantes. Desde que existen las PASO, la concurrencia promedio fue de 75% del padrón. ¿Qué tan fuerte crees que pueda ser el impacto este año?

-Yo no hablaría de apatía, más bien se trata de un fenómeno que la ciencia política denomina “desafección”, en este caso, hacia lo político. Significa que vamos a ir a votar y también significa que no estamos conformes con el resultado que nos entrega elección tras elección la clase política.

La movilización electoral sí estará afectada por el contexto sanitario, pero no será en porcentajes muy altos. Hasta ahora en Argentina, hemos visto descensos de 7% hasta 15%. Posiblemente en noviembre, con una perspectiva distinta en la vacunación, la movilización electoral tienda a ser la habitual.

-Suele argumentarse que un alto ausentismo favorece al peronismo, porque los que no votan suelen ser ancianos, que rechazan al kirchnerismo y mayoritariamente votan a Macri. ¿Creés que esa suposición sigue siendo válida? ¿El oficialismo no tiene este año posibilidad de recuperar votos entre los ancianos por el tema vacunación, o será más fuerte el voto castigo por la caída de las jubilaciones?

-No veo que eso sea una ley inexorable. No obstante, la evidencia indica hasta ahora que en un 70% de las elecciones, los triunfos han sido de los oficialismos. Habrá que evaluar si las campañas electorales son eficaces o no a la hora de cambiar las tendencias de voto.

Hoy creo que, en base a la generación de un mismo clima de opinión, generado básicamente por los mismos actores del 2019, se plantea la idea de una derrota inexorable del Frente de Todos. Posiblemente eso no se dé, y lo que puede darse es una ventaja, leve, a favor del gobierno de Alberto Fernández sobre la principal fuerza opositora.

-Para seguir con el análisis por sectores demográficos, ¿qué va a pasar con el sector joven? El peronismo ha dado señales de estar preocupado por una pérdida de llegada a un sector que tradicionalmente lo apoyó. ¿Va a ser alta la afluencia a votar? ¿Es realmente tan fuerte la llegada del mensaje “libertario” a este segmento?

-El voto joven es la actual quimera. Nadie sabe exactamente cómo abordarlo, pero en su complejidad, radica la clave: ya no siguen una única identidad partidaria. Pueden acompañar una causa puntual, pero no mucho más. Viven en entornos digitales, entornos que la política aún desconoce cómo tratar. Van a votar, posiblemente estos segmentos prioricen temas ideológicos, en toda la amplitud que permita el arco ideológico. Aun así, el Frente de Todos consigue entre los jóvenes una muy buena representación

-Pasando a las propuestas de campaña, llamó la atención que candidatos oficialistas ya avisaron que impulsarán subas de impuestos en el Congreso. Parece una estrategia que puede reforzar al “núcleo duro” pero que puede espantar al indeciso y a la clase media. ¿Crees que ese tipo de mensajes le implicará un costo en las urnas?

-Lo que vemos hoy es que las campañas han dejado de tener eficacia en el planteamiento de la discusión en el debate de las políticas futuras. Por ejemplo, cualquier propuesta a tratar en el Congreso.

Vemos con preocupación que las campañas electorales hoy parten de un concepto de las ciencias sociales de la “negación de la otredad”. En el sentido de que ya no hay una discusión franca, sincera, racional, aun emotiva con las fuerzas que opinan distinto, para que la ciudadanía se informe en base a esa discusión, sino que se parte de la descalificación del otro como esquema permanente de campaña, una especie de campaña que se transforma en una suerte de plebiscito emotivo, donde tiene más potencia la emoción negativa usando la negación, con herramientas como fake news.

-En cuanto a Mauricio Macri, al inicio se hablaba de su condición de “piantavotos” y que mientras los kirchneristas lo mencionaban sin parar, en Juntos por el Cambio lo querían esconder. Sin embargo, esa actitud parece haber cambiado en las últimas semanas y ahora tomó más protagonismo. ¿Cómo crees que influirá electoralmente su reingreso a la escena?

-El rol de Macri es exactamente el mismo que el de Cristina Kirchner, a ambos lados equidistante de la grieta. Simbolizan lo que el otro sector no quiere ver y utiliza para indignarse. Así que habrá que ver, en el juego de las movilizaciones y las dinámicas, cuál es el beneficio de ese regreso.

Este tipo de elecciones intermedias brindan la posibilidad de que los espacios políticos tengan una pugna por ver quiénes terminan liderando. Acá no se trata de ver quién queda mejor parado para ser candidato en 2023, porque estas elecciones no van a dar eso, aunque la política lo pretenda. Hay muchos ejemplos al respecto, como el caso de Francisco de Narváez en 2009 y Sergio Massa en 2013 ganándole al kirchnerismo y después fracasando. O el propio Macri cuando en 2017 ganó ampliamente la intermedia y después perdió en 2019.

Lo que ocurre ahora con Macri es que en un principio perdió protagonismo y luego se dio cuenta de la importancia que significa para él el hecho de tener apoyo leal en ambas cámaras. Porque él se dio cuenta tardíamente que la representación que le responde directamente es francamente minoritaria, y entonces salió a tratar de compensar ese arranque defectuoso.

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-¿Crees que el rechazo al intervencionismo estatal en temas del agro -que generaron los “banderazos” desde el tema Vicentin hasta el pasado 9 de julio por la exportación de carne- va a traducirse en un rechazo generalizado de las clases medias rurales? ¿O ese enojo no tendrá una manifestación electoral evidente?

-Los que están indignados hoy no van a dejar de estar indignados. A lo sumo pueden estar un poquito más indignados que antes. Por lo tanto, el núcleo duro de votantes en Argentina no va a cambiar, no creo que haya una modificación. Los que votan en contra del gobierno por el tema del campo van a seguir votando en contra. Así que ahí no hay un tema central.

Sí creo que la campaña de vacunación y la recuperación económica puede darle al gobierno una posición electoral más cómoda allá por noviembre.

-Finalmente, ¿cuál sería el resultado si las elecciones fueran hoy? ¿Lograría el oficialismo retener su representatividad en el Congreso?

-Puede ser que hoy el Gobierno tenga una leve ventaja, estar cercano a 40% a nivel nacional, Juntos por el Cambio acercándose al 35%. Y después, casi con seguridad, vamos a ver un resurgimiento de las terceras fuerzas, en este caso sectorizadas.

En Capital y en la provincia de Buenos Aires, los espacios libertarios posiblemente hagan una buena elección, a costa de votantes de Juntos por el Cambio, mientras que en el interior, sobre todo donde hay partidos provinciales, pueden funcionar como voto refugio, que incorpora una enorme cantidad de votantes que no están de acuerdo ni con el oficialismo nacional ni con la oposición. Pueden llegar a tener un plus adicional.

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